La relación entre el pelo y el estrés siempre ha sido muy evidente para todo el mundo. Durante o después de episodios de estrés empieza a caerse el pelo, puede acelerarse la aparición de canas o incluso desencadenarse brotes inflamatorios de alopecia areata u otros problemas autoinmunes.
A pesar de esta conexión evidente, los mecanismos biológicos que favorecen esta situación eran un enigma. En los últimos años se ha avanzado mucho en el área que relaciona nuestro sistema nervioso, el sistema inmune y los folículos pilosos, la raíz de nuestro pelo.
El papel crucial del sistema inmunitario en el folículo
Hace décadas que la ciencia definió una de las vías por las que el estrés crónico actúa sobre nuestros folículos pilosos, a través de la elevación persistente de los niveles de cortisol, una hormona que guarda una íntima relación con el estrés emocional y deteriora la producción de pelo en nuestros folículos.
Mucho tiempo después, hace unos pocos años, se identificó una vía de actuación más para que el estrés afectase a nuestro pelo de forma directa. Nuestro sistema nervioso llega hasta la raíz de cada cabello a través de unas fibras nerviosas microscópicas que rodean el folículo piloso. Es una conexión entre el sistema nervioso y el folículo piloso, que permite que el estrés influya en el cabello a través de señales nerviosas y químicas locales.
El último descubrimiento científico añade un protagonista más en esta relación, el sistema inmunológico. El sistema defensivo inmune está presente en cada rincón de nuestro organismo, y también lo está en nuestra piel, rodeando con cierto interés a nuestros folículos pilosos (al fin y al cabo, cada una de las raíces capilares crea un poro que supone una brecha en la barrera de nuestra piel).
En la última publicación de la revista científica Cell, los investigadores de Harvard han demostrado cómo el estrés produce cambios permanentes en el funcionamiento de nuestro sistema inmune frente a nuestro cabello.
Cómo el estrés afecta al folículo piloso
Cuando tenemos una situación de estrés, incluso un episodio de estrés puntual no necesariamente crónico, las fibras nerviosas simpáticas liberan sustancias que alteran el funcionamiento de diferentes órganos, los “estresan”. Este mecanismo fue necesario en nuestro desarrollo evolutivo, cuando el estrés suponía una amenaza y la respuesta nerviosa simpática facilitaba huir, esconderse o activar nuestros sentidos.
Hoy supone un agravante de la ansiedad y puede tener un impacto negativo en algunos órganos, como sucede en los folículos pilosos. Cuando la respuesta nerviosa simpática llega a la raíz del pelo, el folículo piloso interrumpe su crecimiento e incluso prefiere desanclar el tallo piloso y soltar la fibra capilar (por eso notamos un aumento de la caída). Podemos decir que ante una supuesta “agresión”, el organismo prefiere prescindir de algo que podía ser secundario, la generación de pelo. Esto podría quedar así, sin mayores consecuencias, ya que las células madre del pelo no sufren ningún daño y podría regenerarse un nuevo pelo cuando cesará el episodio de estrés.
El problema es que la interrupción abrupta del crecimiento del pelo supone la muerte instantánea de múltiples células del folículo piloso, con la aparición de una gran cantidad de productos de desecho en las inmediaciones de la raíz del pelo.
Además, en situaciones de estrés agudo, el descanso se vuelve un pilar de la salud capilar. Olistic Night Booster actúa como el complemento perfecto a los productos core (Olistic Women, Olistic Next y Olistic Men), ya que ayuda a la relajación y a facilitar un sueño reparador.
Esto es importante porque apoya los mecanismos celulares de protección y mantenimiento del folículo piloso —gracias a la espermidina de chlorella y la ergotioneína de Pleurotus—, especialmente relevantes en situaciones de estrés e inflamación.
El papel del sistema inmunológico
Ahí es donde entra en juego el sistema inmunológico. Primero, los macrófagos trabajan como verdaderos barrenderos recogiendo todos esos deshechos, limpiando nuestros tejidos y procesándolos para que no supongan un problema para otras células. Pero su trabajo no termina ahí.
Los macrófagos viajan a los ganglios linfáticos más cercanos y exponen los desechos celulares procesados a otras células inmunitarias, los linfocitos. Estos linfocitos son capaces de identificar los desechos como dianas de ataque. Las memorizan y las pueden llegar a recordar durante mucho tiempo después, incluso varios años.
El sistema inmunológico ya está preparado para atacar a dianas de nuestro folículo reconociendo componentes completamente normales como si fueran microbios peligrosos.
Esto condiciona notablemente la relación entre nuestro pelo y nuestro sistema inmunológico. Cualquier otro nuevo episodio estresor podría facilitar que las células de nuestro folículo piloso muestren esas dianas y los linfocitos ataquen al cabello de forma directa, interrumpiendo su crecimiento y provocando la pérdida del pelo.
Llegados a este punto, ni siquiera sería necesario un episodio de estrés emocional relevante, también podría ser suficiente una quemadura solar, una infección viral o someterse a una cirugía, para activar la caída.
Implicaciones para la investigación y la salud
El descubrimiento de los investigadores de Harvard no solamente es importante para conocer la relación sistema nervioso – sistema inmunológico – folículo piloso. También supone un nuevo campo de investigación para explicar el curso de otras enfermedades autoinmunes, como el lupus, la enfermedad inflamatoria intestinal o la esclerosis múltiple.
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El objetivo es proporcionar el entorno biológico adecuado en el folículo piloso para que, incluso en momentos de estrés, el cabello encuentre las condiciones óptimas para su correcto crecimiento.
Cuando desciframos este tipo de mecanismos biológicos, descubrimos posibles puntos donde podemos actuar de forma preventiva, o incluso desarrollar nuevos tratamientos preventivos, para evitar que se desarrollen enfermedades o situaciones indeseadas.